El gran salón de la corte de Luna Ancestral nunca me había parecido tan inmenso como esa tarde. El aroma a cera de abejas, roble pulido y el sutil toque metálico de las armas de la guardia de honor llenaba el ambiente. Las altas vidrieras filtraban una luz invernal que dibujaba líneas geométricas sobre el suelo de piedra.
A mis trece años, estaba sentado por primera vez en la silla de roble y bronce que flanqueaba el trono imperial de mi padre. Llevaba una túnica de gala gris oscuro, bordada co