El eco del primer aullido de Kael aún vibraba en las laderas de las montañas que coronaban Luna Ancestral. El bosque, habitualmente receloso de los cambios de poder, parecía haber aceptado la llegada del nuevo Alfa joven con un silencio reverente. Al ver a mi hijo sacudir su pelaje oscuro bajo la luz plateada de la luna, mi lobo experimentó una plenitud que rozaba lo sagrado. La transición había concluido; el heredero estaba completo.
Sin embargo, la madurez de un linaje no solo se celebra en l