El sol apenas se asomaba tímidamente sobre las crestas escarpadas de las montañas de la manada Luna Ancestral, tiñendo el ventanal de un rosa pálido, cuando la paz perfecta de la madrugada se rompió de manera abrupta.
No comenzó como un dolor gradual o una molestia sutil que me permitiera prepararme; fue una explosión visceral, punzante y abrumadora en el centro de mi vientre que me obligó a arquear la espalda sobre las pieles y jadear desesperadamente por falta de aire. La paz curativa y el eq