El atronador rugido que había soltado hacía solo unos momentos en el interior de la habitación de Madeline no había sido en absoluto un arrebato de rabia pura o de autoridad herida, sino de una profunda, lacerante y amarga humillación. ¡Yo era el responsable directo de su enfermedad! La ironía de la situación me golpeaba el pecho de manera despiadada; el Vínculo místico de Mate, se supone que la conexión más vital, sagrada y revitalizante de toda mi existencia, me estaba atacando y saboteando d