La nueva habitación que se me había asignado no tenía absolutamente nada que ver con los rincones húmedos de la lavandería o el ala de servicio. Era un espacio pequeño, pero impecablemente limpio, dotado de una ventana alta que daba directamente a los jardines principales de la mansión y, lo más aterrador y asfixiante de todo, contaba con una pared sólida que compartía de forma directa con la oficina personal de Xavier. Ya no era una Omega desterrada, andrajosa y olvidada en los bordes del comp