Una amenaza tras una metida de pata.
La noticia llegó a Vincenzo antes del amanecer.
Como casi todas las cosas importantes.
Uno de sus hombres entró al despacho después de tocar dos veces la puerta, con la cautela de quien sabe que está interrumpiendo a un depredador en su guarida.
La habitación estaba a oscuras, apenas iluminada por la lámpara de escritorio de bronce que proyectaba sombras largas sobre los estantes llenos de libros antiguos y archivos confidenciales.
La habia cambiado un poco desde que discutió con Valentina.
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