Quince minutos...
Después de que Alejandro se retirara... La mansión estaba en silencio otra vez.
Un silencio muy distinto al de la villa de Vincenzo. Aquel era un silencio tenso, cargado de respiraciones contenidas y miradas que se cruzaban como dagas. Este, en cambio, era más cálido... Más familiar... El tipo de quietud que se siente cuando el peligro ha quedado atrás, aunque solo sea por unas horas.
Pero eso no impedía que Dante tuviera un labio roto.
El corte era pequeño, pero lo suficiente para que una gota