Valentina no esperaba encontrárselo.
Había salido de la habitación con la esperanza de despejar la mente, pero el peso en su pecho no cedía. Los pasillos de la villa parecían más estrechos cada día, como si las paredes se cerraran lentamente sobre ella.
Y entonces lo vio.
Vincenzo avanzaba por el pasillo principal con esa elegancia calculada que lo caracterizaba con las manos entrelazadas detrás de la espalda. Su presencia siempre llenaba el espacio, incluso cuando fingía no hacerlo. Valentina