Horas después, los cuatro estaban reunidos en el despacho de Dante.
La cámara reposaba sobre el escritorio de caoba como una prueba irrefutable y como una advertencia que nadie podía ignorar. Valentina no dejaba de mirarla, con los brazos cruzados sobre el pecho.
Matteo tampoco apartaba la vista, aunque su expresión era una mezcla profunda decepción, penso que solo lo hacía para ganarse su afecto pero esto es diferente. Dante estaba de pie junto a la ventana, contemplando los jardines de la v