Más preguntas.
La mañana en Venecia era de esas que no terminaban de decidirse entre la noche y el día. La luz gris y tenue entraba por los ventanales altos del apartamento, como si el sol hubiera olvidado encenderse del todo.
El agua del canal golpeaba suavemente contra los muros de abajo, un rumor constante que se había vuelto tan familiar como la respiración. Era rutinario ese suave sonido.
Valentina estaba de pie frente a la encimera de la cocina abierta, descalza, con una camiseta vieja de Dante que le