La expresión de Dante se endureció apenas, un cambio casi imperceptible para cualquiera que no lo conociera bien. Pero Matteo lo notó de inmediato.
— ¿Quién es?...
Dante observó el teléfono dos segundos más antes de deslizar el dedo para contestar.
— ¿Sí?
La voz al otro lado era tranquila. Demasiado tranquila, esto es sospechoso.
— Buenas tardes, Dante.
— Padre.
Matteo levantó la vista. No entendía toda la dinámica, pero reconocía el tono, y mayormente, sabe ya por medio del Dante, que esa llam