Tomar un vuelo hacía Sicilia era otra aventura más, Valentina y Matteo llegaron unas horas más tarde de lo previsto, pues al final ya no podía retractarse con los preparativos de la boda. Al aterrizar, Valentina no quería bajarse.
El día del ensayo llegó con una puntualidad, como si el propio tiempo conspirara a favor de los planes de Alejandro.
No hubo dramatismo en el amanecer, ni señales evidentes de que algo estuviera a punto de tensarse hasta romperse. Sicilia es un sueño para cualquiera que viaja solo para conocer otro país. El mar Mediterráneo se extendía como una lámina de cristal pulido, inmóvil bajo el sol naciente, reflejando un cielo azul sin que una sola nube interrumpiera la armonía.
Las olas apenas susurraban contra las rocas de la costa, un ritmo hipnótico que parecía demasiado sereno. Todo estaba exactamente como Alejandro había previsto. Era demasiado perfecto para la realidad de Valentina.
Valentina descendió del auto negro con Matteo tomado de su mano. El niño