Mundo ficciónIniciar sesiónValentina cerró la puerta del penthouse apenas Dante desapareció por el pasillo. Ella seguía con el corazón a mil, jamás en su vida pensó que él vendría y conocería a Matteo. Suspiró esta vez un poco más silencioso, intentaba con todas sus fuerzas calmar a su pobre corazón.
— Dios mío... ¿De dónde sacó la información de mi residencia?... Está loco... —murmuro para si misma mientras se apoyaba contra la puerta del penthouse. Matteo se quedó quieto unos segundos. Observándola, con esa misma expresión seria que había usado con Dante previamente. Cuando los ojos de Valentina se encontraron con los de Matteo, este los relajo. — Mamá… ¿Por qué ese hombre vino?... ¿Él te está molestando?... —preguntó Matteo, sin rodeos. Valentina se quedó viéndolo unos segundos, se le olvidaba que Matteo es un niño que a su corta edad, la conoce mejor que nadie, mucho mejor que Dante. Ella solo sonrió mientras se acercaba para acomodar suavemente con sus manos el cabello de su hijo. — No, corazón… Es solo… —murmuro mientras pensaba que decirle a su pequeño. — Es complicado, no te preocupes mucho. Matteo ladeó la cabeza, observándola curiosamente, quería saber qué es lo que pasaba por la mente de Valentina; su madre. Para ella este momento era de vulnerabilidad, pues ella tenía un torbellino de emociones que no la dejaban en paz, debía calmarse si o si. Debía recordar por qué terminó saliendo del corazón de Dante, por qué ha sobrevivido, y quién es en estos momentos. La voz de Matteo la sacó de sus pensamientos. — Mamá… ¿Tienes que salir?... —preguntó mientras la veía a los ojos, haciendo un pequeño puchero. — Si… Pero podría pedir que me den trabajo para la casa, ¿te parece una buena idea?. —le preguntó cariñosamente. Matteo sonrió y se fue dando saltos de felicidad hasta su cuarto. Para estos momentos, Valentina se había calmado. Mientras ella pueda estar cerca de su tesoro, nada la derrumbará, ni siquiera Dante o la familia Santino. Tras un rato, Valentina estaba preparando la merienda favorita de Matteo, un postre de manzanas parecido a una tarta. Este solo la podía observar de reojo, no insistía, pero estaba atento a cualquier cambió emocional que pudiera tener. No le gustaba verla preocupada, desde pequeño, siempre se esforzó para verla feliz. — Mamá, tú conocías a ese señor desde antes?... —pregunto, solo observando su reacción mientras daba un bocado a su postre. Valentina se sorprendió por la pregunta pero solo sonrió. — ¿La verdad?... Si, si le conozco. —respondió rápido, haciendo que Matteo notará ese pequeño cambio. Esto era joya pura para Matteo, no le agradaba Dante en lo más mínimo, para él, es un hombre que irradiaba peligro, pero se le hacía curioso como su madre; Valentina, reaccionaba cuando él estaba cerca o alrededor de ella. — En la noche, cuando Matteo dormía profundamente. Valentina salió al balcón a respirar el aire de la noche. Londres brillaba como si aquellas luces fueran pequeñas joyas. Al estar a solas, se relajo, no suspiró, pero si le dio tiempo para pensar las cosas. — ¿Por que volviste?... —susurro. La brisa de la noche en Londres, le despeinó el cabello mientras ella recordaba todo lo que sucedió en la oficina de Dante. Sus manos tocándola, abrazándola, sus besos, sus caricias. Él había hecho más de lo que ella esperaba, le recordó una vez más, quien era para él. Pero a su vez recordó las crueles palabras que la hicieron salir de su vida, lo cual hizo que ella tomara una decisión. — … Soy una idiota… ¿Cómo pude caer así por él de nuevo?.. —murmuró mientras se llevaba una mano a la frente. Era una idiota por haber caído de esa manera, puede que al final, su corazón quiera volverlo a ver, lo extrañaba, no lo podía negar, y esconder que Matteo no es su hijo, no le gustaba mucho, pero no podía seguir cayendo. Las cartas nunca estuvieron a su favor, y gracias a que se apartó es que tiene una vida diferente al lado de su hijo. Mientras Valentina se notaba pensativa, Dante se encontraba en su automóvil negro, estacionado frente al edificio sumido en sus pensamientos mientras observaba el balcón iluminado de aquel penthouse donde horas atrás se encontraba. Matteo no lo intimidaba… El niño era bastante inteligente, sí, y ya le había declarado la guerra. Pero estaba dispuesto a intentar ganarse la confianza del pequeño con tal de tener el premio más grande y al menos investigarlos más a fondo. Valentina. Ella lo volvía loco, sabe bien, más que de sobra los errores que cometió teniéndola a su lado. El la deseaba de nuevo a su lado. No será fácil pero tampoco quería retroceder. Lo que más le dolía, no era volver a verla, si no, el hecho de que ella hiciera su vida sin él, sola, estaba comprometida y con un niño... Y aún así brillará más que cualquier collar de joyas, por más caro que este sea. Ella solita lo desarmo, al igual que el a ella. Sacudió su cabeza, debía centrarse y elegir sus futuras acciones, con ello en mente encendió su auto, y con una última mirada hacia Valentina, salió del parqueadero. Una sonrisa pequeña se le esbozó en los labios mientras conducía su automóvil. Todo esto era una mezcla peligrosa que en algún momento explotaría. Dante lo sabía, y aún así quiere estar a como de lugar.






