Mundo ficciónIniciar sesiónA la mañana siguiente, Valentina ya se había alistado para irse al trabajo, ya que no podía faltar. Al dejar a Matteo en la escuela, se dirigió lo más rápido que podía hasta el trabajo. Caminaba por los pasillos mientras se ajustaba su bata.
Todos la conocían como “Doctora V.”, en su trabajo, sus manos eran llamadas oro puro, nada ni nadie podía compararse con ella. Así como Dante era conocido a su manera en Europa, Valentina era conocida por ser la mejor Cirujana Plástica de toda Europa. Entrando en su oficina, su asistente, Alison, una mujer eficiente y directa, enseguida se acercó sin dudarlo, con una tableta en la mano. — Doctora V, buenos días. Su primer paciente llegó hace veinte minutos. Es la señora Lowell, está aquí para la intervención que le mencioné en la llamada de ayer… —Alison levantó la vista de su tableta y de reojo pudo observar que el rostro de Valentina se veía algo pálida. — Doctora… ¿Está bien?... ¿Quiere que le traiga una bebida caliente? Valentina la miro intentando actuar lo más normal posible forzando una sonrisa. — No es nada, solo… No he dormido bien, no te preocupes. —exclamó mientras se sentó en la silla junto a su escritorio. — Pásame la agenda y prepárame la sala para la evaluación. Alison dudó, ya que está no era la Valentina que conocía. Simplemente asintió y caminó hacia su escritorio entregando la agenda de la tableta. El día transcurrió normal, entre consultas, fotografías preparatorias, explicaciones de procedimientos, firmas, autorizaciones y algunas operaciones. Normalmente, su trabajo la relajaba, era lo que más amaba después de su hijo. Pero hoy, parecía que no era usualmente ella. Seguía en su mente, recordando una y otra vez todo lo que ha pasado en tan pocas horas. Cada vez que recordaba como Dante y Matteo se veían mutuamente… Una corriente helada le recorría la columna, haciendo que sintiera escalofríos. — Disculpe, Doctora. —dijo Alison mientras se acercaba a Valentina. — ha llegado este paquete, es para usted… No dice quién lo envió, pero el mensajero insistió en traerlo personalmente. Alison le entrego un paquete, era una caja negra con dos lazos, uno de color rojo y otro de color plateado, pero que juntos era ver una obra de arte sin igual para los ojos de Valentina. El pulso que se esforzó en calmar, se le volvió a desbordar. Sabía que era de Dante, ese regalo no podría ser ni de su prometido. Antes de que todo se derrumbara en la relación de Valentina y Dante, él solía regalarle sus flores favoritas, eran las únicas que le encantaba darle siempre, nada de rosas, nada orquídeas, no, para Dante ella siempre fue y será su gran amor, y sabe bien, cómo hacer que su corazón vuele. Valentina tomó con cuidado aquella caja. Se sentía pesada, de ella emanaba un olor a perfume. No era el usual que usaba Dante para este tipo de regalos. Al abrirlo lentamente se topó con… Un ramo de lirios blancos, sus flores favoritas. Dante siempre le regalaba estas flores aunque no fuera una fecha importante. Algo que recordaba era que él siempre las llevaba a su cuarto, le relajaba el fragante olor y lo ayudaba a dormir. Un simple gesto, cargado de muchos sentimientos encontrados. Sentimientos amargos. Debajo del ramo, había una tarjeta. Una hoja negra, elegante y con letras en relieve plateadas. “Nos vemos esta noche. No llegues tarde. D.S.” Alison, noto el cambio de expresión en Valentina, era sutil pero lo noto. — … ¿Es de algún paciente?. —preguntó Alison mientras observaba el ramo. Valentina respiró hondo. — No, no... Es… personal. Cerró la caja de golpe. Sus dedos temblaban, aunque su rostro mostraba seriedad. — Alison, necesito… Que me cubras en el turno de mañana, solo quiero que agendes las próximas citas y tomes los datos de los siguientes pacientes que entren a mi oficina… —dijo con una voz calmada. — Claro, Doctora. Cuando su asistente salió por la puerta de su oficina… Valentina apoyó sus manos en el escritorio y tomó una bocanada de aire. Sabía que Dante quería más, que no le bastó el contrato firmado, ni las cláusulas que escribió. No podía faltar a su invitación, pues sentía que algo malo podría pasar. — En la tarde, ya cuando el sol se ocultaba y el turno de trabajo de Valentina, al llegar a recepción, Alison la estaba esperando, con un sobre en sus manos. Valentina solo lo recibió y le agradeció su ayuda, saliendo del edificio y subiéndose a su carro. Decidió abrir aquel sobre que la tenía intrigada. Dentro se encontraban unos documentos donde se mencionaba un inversionista vip, junto a los documentos se encontraban 2 boletos para el evento de esta noche. — Ese idiota… No le he pedido nada, y aún así… —murmuro molesta. Dante se estaba moviendo más rápido de lo que pensaba, a este paso volverá a meterse en su vida como el disparo de una bala. Decidió prepararse pues iba a ir a la invitación, armada hasta los dientes. No iba a permitir que siguiera haciendo de las suyas, no, ya no más. Conduciendo hasta su penthouse, solo podía pensar en uno de los vestidos que tenía, era rojo vino tinto, no era tan escotado, pero si lo suficiente como para llamar la atención, en los boletos decía que debía ir formal. Pero debía hacer algo con el boleto sobrante, quería invitar a su prometido pero seguro Dante se le tiraría encima como un perro. Y conociéndolo bien, seguro luego la seguiría a todas partes. Entonces se le ocurrió llevar a su hijo, sabía que era un tipo de evento de la alta sociedad y que sería aburrida, con Matteo en el medio, Dante no se metería en medio, ni haría nada precipitado. Después de dos horas arreglándose y también a su hijo, ambos salieron del penthouse dirigiéndose al estacionamiento. Matteo se sentía todo un hombre, su madre por primera vez lo invitaba a este tipo de eventos pero debía guardar la compostura. Valentía de dio cuenta, de un automóvil negro, lujoso, de cristales polarizados y motor aún encendido, estaba esperando a pocos metros de donde se encontraba ella. Y apenas ella continuó caminando, Dante salió del automóvil. Su traje oscuro, perfectamente ajustado a medida, lo hacía ver intimidante bajo la luz tenue del estacionamiento. Al mismo tiempo que captó la atención tanto de Valentina como de Matteo, la puerta trasera del auto se abrió lentamente. — Valentina… —su voz era algo baja, controlada. — Pensé que quizás necesitarías un transporte más seguro para el evento de esta noche. — No te hubieras molestado, tengo mi propio auto, puedo conducir sin problemas. —comentó tratando de sonar lo más natural, estaba molesta, Dante está haciendo lo mismo de hace años. Dante dio un paso adelante. — Pienso que si, después de todo, deberían acompañar al anfitrión de esta noche… — Ah sí, se me olvida que tú me invitaste… Tú discúlpame, es que, anduve con mucho trabajo hoy. —dijo con sarcasmo. Matteo sospechaba por la manera de hablar de su madre que algo andaba mal. El ambiente estaba tan tenso que cualquier otra persona que pasara, se quedaría viendo quién hablaría. Valentina sin más que decir, subió al auto de Dante, cargando en sus piernas a Matteo. Al entrar, ese hombre presumido prendió el automóvil, este se alejó con elegancia y agresividad al mismo tiempo. Matteo lo veía por uno de los espejos del carro, su madre estaba distraída viendo por la ventana. El pequeño usó su oportunidad para lanzarle otra de esas miradas fulminantes. Este evento iba a traer sorpresas. Eso era seguro.






