Días después del ajetreado evento, Valentina que se encontraba trabajando diligentemente y concentrada, había salido un momento a dejar unos resultados en el laboratorio, tenía un nuevo paciente con alergias a todo el material que ella usa para las cirugías estéticas. Matteo jugaba en silencio en el sofá de la oficina, con los auriculares puestos a medio volumen.
La puerta se abrió sin prisa, con un suave click. Entró Alejandro, el prometido de Valentina. Traje azul marino, corbata floja, el pelo un poco revuelto de tanto pasarse la mano. Parecía cansado más que enfadado, y solo quería ver a Valentina pero se topó con Matteo.
— Hola, campeón —saludó con una sonrisa pequeña—. ¿Está tu mamá?
Matteo se quitó uno de los auriculares.
— Fue al laboratorio... Vuelve en cinco minutos. —dijo mientras volvía a su celular.
Alejandro asintió, quedándose en un silencio incómodo. El hombre miró el móvil, suspiró y se sentó en la silla frente al escritorio de Valentina. Matteo podía notar q