Mundo ficciónIniciar sesiónLa cueva del Oráculo se cerró tras ellos con un estruendo sordo, y al atravesar la boca pétrea quedaron expuestos al ventisquero helado que coronaba el promontorio. El viento cortaba como cuchillas invisibles, arrancando bocanadas de aliento de sus pulmones y cubriendo de escarcha las capas que Amara, Lykos y Arik habían tensado sobre sus hombros. Vania, con manos firmes, grabó runas de contención en la pesada puerta de piedra, hasta que los símbolos brillaron con un resplandor azulado y el p







