—Para ti—Sam ofreció el peluche con una sonrisita.
—¿Para mí?—Abbey parpadeó.
—Sí, me alegra que ya te sientas mejor y que no tengas ojeras.
Sus manos fueron a parar al rostro de Abbey. Se estremeció ante el repentino contacto, la punta de sus dedos era un agradable frescor bajo sus ojos.
Ambos se alejaron al instante cuando Evan golpeó la mesa del juego de un manotazo. Había puesto dinero y observó con determinación a su amada.
—Yo también juego.
Abbey boqueo cual pez. El lado competitivo d