Sintió como la bilis subía hasta su garganta, se le erizaron los bellos de sus brazos. El dolor de sus pies fue olvidado momentáneamente.
Un espasmo recorrió una de sus manos.
—¿Cómo sabes...Cómo sabes eso?
—Te hice una pregunta.
Abrió la boca, dispuesta a decir ¿la verdad? ¿una mentira? ¿balbucear? Realmente no lo sabía.
Un estrépito hizo girar a ambos hacia la misma dirección.
—Sólo dejo esto aquí y...
—¿¡Sam?!
El susodicho se enderezó con los ojos bien abiertos, al parecer no había reparad