Algunos años más tarde…
—Ama Abbey…—Stephen golpeó la puerta y esperó a que la susodicha gritara “Adelante” para poder pasar dentro de la habitación—. Los invitados ya llegaron.
Abbey se giró, desviando la mirada del enorme ventanal de la iglesia. El viento hacía ondear su velo como si fuese una orgullosa bandera. El vestido blanco vaporoso y largo la hacía parecer una verdadera ángel que llegó a la tierra para repartir el bien. Sus doncellas, Jaida y Jane terminaron de arreglar su cabello, son