El regreso a la rutina de las oficinas de confección trajo consigo una dosis de realidad que mi mente asimiló con total visión defensiva.
Para enfrentar la jornada en el taller, me había colocado un vestido camisero en un tono azul cobalto oscuro, ceñido a la cintura por un cinturón delgado de cuero que aportaba un aire rígido a mi presencia. Combiné el atuendo con un par de botas de tacón fino que repicaban con fuerza sobre el suelo pulido del salón de exhibición, decidida a que mi ropa comuni