El aire fró de la madrugada extranjera golpeó mi rostro en cuanto logramos burlar el cerco de los analistas de imagen y los fotógrafos de la recepción VIP.
Dejamos atrás los candelabros del salón de gala y las miradas indiscretas de la junta directiva de París, deslizándonos por una salida lateral del hotel que los guardias de seguridad privada mantenían despejada. Caminamos de incógnito por las calles empedradas de la ciudad, sumergiéndonos en una quietud nocturna que operaba como un bálsamo t