NARRADO POR EZRA VARDAN:
El nudo de mi corbata de seda gris carbón se sentía como una soga invisible que me apretaba el cuello con una rigidez insoportable.
Me pasé las últimas horas de la tarde de pie frente al ventanal panorámico de mi despacho presidencial en el rascacielos negro, manteniendo mis dedos largos firmes sobre los balances financieros de la compañía, aunque mi mente calculadora se encontraba en una fase de quiebra absoluta.
Mis ojos grises de invierno contemplaban la neblina que