El timbre del ascensor privado rompió el espeso silencio sepulcral que dominaba el gran salón del departamento, haciendo que mi pulso se acelerara de golpe en mis oídos.
Apenas había logrado de de apartar la mirada de las pantallas del monitor que transmitían los reportes informativos de la bolsa de valores, cuando las puertas doradas se abrieron con un deslizamiento lento y expectante. Crucé el espacio residencial a pasos rápidos, acomodándome los puños de mi suéter gris humo con los dedos lar