El monitor central de la sala de estar del penthouse seguía encendido, emitiendo un zumbido constante que alimentaba la paranoia real en mi mente. Me quedé de pie frente a la gigantesca pantalla de la pared, con las manos firmes dentro de los bolsillos de mi pantalón de punto oscuro, observando cómo los gráficos comerciales del mercado bursátil mostraban números en picada.
El bumerán destructivo de la filtración del contrato compromiso de seis meses, estaba ejecutando su fase más hostil y destr