El aire matutino del distrito comercial golpeaba mi rostro con una frialdad, que lograba entumecerme los dedos.
Intentaba caminar a pasos rápidos sobre el concreto de la acera inferior, manteniendo la barbilla en alto para camuflar el sutil mareo de nervios, que me revolvía el estómago desde la tensa cena familiar de la noche anterior. Para esta salida obligatoria hacia la sucursal del banco del centro, elegí usar una gabardina entallada de color gris humo sobre un vestido negro sencillo de pun