¿Qué demonios estaba haciendo?
Esa era una pregunta que rondaba una y otra vez en la cabeza de Alicia, pero aun así no podía detener la mano que se movía dentro de su braza. La otra que tenía sobre su boca apenas podía contener los gemidos que amenazaban con salir de su garganta ante la ola de estremecimientos que la recorrían.
¿Qué era aquella sensación que por más que tocaba se hacía más fuerte en vez de disminuir?
No era estúpida. Sabía de biología, sabía de sexo aun si no lo había experimen