El viernes por la tarde, la mansión estaba bañada por una luz dorada que entraba a través de los grandes ventanales. El aroma dulce de las gardenias recién regadas se mezclaba con el del café que la cocinera preparaba en la cocina, mientras el canto de los pájaros parecía anunciar un fin de semana diferente, lleno de cambios en el aire.
Maximiliano estaba en la sala principal, agachado frente a Emma, quien jugueteaba con una muñeca de trenzas largas sobre la alfombra color crema. Sus pequeñas m