El sol de la tarde caía con una calidez dorada sobre los muros de la mansión Cisneros, tiñendo las columnas de tonos ámbares y proyectando sombras alargadas en el empedrado. El auto negro avanzó por el camino principal, sus llantas crujieron apenas contra el suelo al detenerse frente a la entrada principal. Adrián bajó primero, aflojándose el nudo de la corbata mientras su ceño fruncido delataba el cansancio acumulado del día.
Alan descendió del lado contrario, sacudiendo sus mangas con teatral