El sonido agudo de las alarmas resonó por todo el hospital, llenando los pasillos de un caos palpable. Nicolás, agazapado en la pequeña sala de mantenimiento, supo en ese instante que su oportunidad de acercarse a Adrian se estaba desvaneciendo rápidamente. Podía escuchar las pisadas apresuradas de los guardias que corrían hacia su ubicación, y con cada segundo que pasaba, la tensión aumentaba.
—Maldición —murmuró para sí mismo, su mente trabajando a toda velocidad para encontrar una salida.
La