Aitana se quedó en silencio durante largos segundos, observando a Adrián desde el otro lado del despacho. Aquel hombre que había compartido tantas sonrisas con ella, que había sido su amigo y confidente durante tanto tiempo, ahora parecía un completo extraño. Pero la verdad era que, aunque sintiera un inmenso rencor por haber descubierto la identidad de su medio hermano, sabía que Adrián tenía razón en algo: si quería salvar a su hijo, tendría que cooperar.
—De acuerdo —dijo finalmente, rompien