La mansión Alarcón estaba iluminada esa noche como si un evento importante estuviera por celebrarse, pero el ambiente en el interior era tenso y sombrío. Aitana caminaba de un lado a otro en su oficina, repasando en su mente todo lo que había sucedido en el hospital. Había confrontado a Nicolás, lo había desarmado con sus palabras, pero sabía que no todo estaba resuelto. Había llegado demasiado lejos para dejar que esto se quedara en el aire.
Su madre, Sofía, entró a la oficina sin tocar. La re