La mañana había comenzado tranquila en la oficina de Aitana. Su equipo estaba ocupado en el manejo del desastre de las últimas horas, tratando de reparar lo irreparable y mantener bajo control la reputación de los Alarcón. Las noticias del escándalo de espionaje seguían circulando, y la familia estaba en boca de todos, pero Aitana había aprendido a mantenerse fría bajo la presión.
Sin embargo, esa calma se rompió de golpe cuando Clara, su asistente, irrumpió en la oficina con el rostro pálido y