Los días eran largos en las montañas. El aire frío mordía su piel, y la soledad se había convertido en su única compañera. Nicolás Valverde, el hombre que una vez había sido el más poderoso de la ciudad, estaba ahora confinado a una cabaña de madera, en una tierra lejana donde las sombras se alargaban al atardecer y los días pasaban en silencio.
Habían pasado ya varios meses desde que Adrián lo había desterrado, sentenciándolo a vivir en ese exilio eterno. La cabaña en la que vivía no era más q