La luna, imponente en el cielo nocturno, proyectaba un frío resplandor sobre la escena de destrucción que se había desatado en las afueras de la ciudad. El sonido de los disparos había cesado, pero el eco del caos todavía resonaba en el ambiente. Entre los escombros, el polvo y la sangre, Nicolás se encontraba de rodillas junto a Aitana, con el cuerpo de ella inerte entre sus brazos. Su corazón latía con fuerza, un tamborileo de desesperación mientras la realidad lo abrumaba.
A lo lejos, los ho