El descenso a la Bóveda de Bizancio no se hizo por escaleras, sino a través de un túnel angosto excavado en la roca caliza, donde el goteo constante del agua resonaba como un metrónomo del juicio final. Selim encabezaba la marcha con una linterna táctica, seguido por Marcus, quien mantenía a un Viktor encadenado y amordazado bajo control. Liam caminaba a mi lado, pero el silencio entre nosotros era distinto al de los Alpes; era un silencio de despedida, cargado con el peso de una verdad que ni