La sensación de la Seda Líquida fluyendo virtualmente por mis nervios era como tener lava fría recorriendo mis venas. Harlan Vane me observaba desde la consola, con una sonrisa de triunfo que crecía a medida que los manómetros de presión se estabilizaban en el verde. Él creía que yo estaba salvando su imperio; no entendía que para domesticar a una bestia, primero hay que conocer su punto de quiebre.
—Eso es, Marta... —susurró Vane, acercándose al cristal—. Siente el poder del flujo. Con esto, l