El rastro de Liam no me llevó a una suite de lujo ni a un club exclusivo. Marcus me entregó una dirección en un barrio de clase trabajadora, un sector de edificios de ladrillo visto y ropa tendida en los balcones, donde el ruido del tráfico reemplazaba el silencio presurizado de los áticos. Me detuve frente a una puerta de madera descascarada, sintiendo que el aire me faltaba.
Golpeé tres veces. Cuando la puerta se abrió, el hombre que apareció no era el "León" que yo conocía. Liam vestía una c