El túnel de servicio del Gran Colisionador de Hadrones era una garganta de hormigón y cables que parecía no tener fin. El aire siseaba con el helio líquido que enfriaba los imanes superconductores, creando una neblina blanca que nos llegaba a las rodillas. Liam avanzaba en cabeza, con un fusil de pulsos en las manos y la mirada de quien ha aceptado que este podría ser su último contrato. Detrás de nosotros, Marcus y el equipo de la Contingencia Sombra mantenían el perímetro, pero el silencio de