El calor de las llamas lamía las columnas de mármol del gran salón, transformando la boda del fénix en un funeral de gala. Liam me mantenía pegada a su pecho, su cuerpo actuando como un escudo humano mientras los escombros del techo caían como meteoritos de yeso y cristal. Marcus Vance y sus hombres habían retrocedido hacia la zona de seguridad, dejando a mi madre, Elena, de pie frente al altar de obsidiana, con la pistola temblando en su mano y los ojos fijos en el intruso que acababa de emerg