La oficina de la Torre Klein nunca se había sentido tan inmensa. Con los agentes de la policía financiera y los sollozos de Elena desaparecidos en el pasillo, solo quedábamos Liam y yo, rodeados de carpetas que contenían la ruina de una dinastía y el renacimiento de otra.
Liam se soltó la corbata con un gesto lento, como si se estuviera quitando un peso de encima. Me observó desde el otro lado de la mesa de juntas, y por primera vez en semanas, no vi al asistente sumiso ni al CEO arrogante. Vi