La luz del amanecer se filtraba por los ventanales de la suite, pero no traía paz. El sonido estridente del teléfono de empresa de Liam rompió el silencio antes de las siete de la mañana. Me incorporé en la cama, viendo cómo él, que había pasado la noche en el sillón frente a mí, respondía con una voz que recuperó instantáneamente su filo ejecutivo.
—¿Cómo que un embargo preventivo? —rugió Liam, poniéndose de pie de un salto—. La deuda está respaldada por el fondo GIG. No tienen jurisdicción.
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