La entrada a la Ciudad de Cristal no tenía puertas. Las paredes de cuarzo se separaron orgánicamente ante mi presencia, reconociendo la firma de mi ADN como una llave maestra que regresaba a su cerradura. Liam avanzaba con el arma en guardia, sus ojos moviéndose frenéticamente tras la máscara de filtrado, buscando una amenaza física en un mundo que se defendía con la estética.
El aire dentro de la estructura era pesado, saturado de un polen que ya no era polvo, sino hilos de luz que flotaban co