El helicóptero sobrevolaba las dunas infinitas como una libélula de metal cansada. El motor, purificado por la tecnología orgánica de Sanctuary-9, emitía un ronroneo constante, pero nuestros ojos buscaban algo que no fuera arena o espejismos. La semilla de cristal en mi mano, ahora opaca tras el duelo con Thorne, señalaba una última coordenada residual: un punto muerto en los mapas de la Logia, un lugar que mi madre había marcado como "Zona de Exclusión Biológica".
—Marta, si el combustible no