Theo se tomó un momento, para besar nuevamente esos labios, a los cuales parecía haberse hecho adicto.
—Si necesitas que me detenga, solo dilo, prometo tomarme todo el tiempo del mundo para hacerte sentir bien.
Era un juramento silencioso, pues Theo sentía en lo más profundo de su ser la promesa de entregarle a Fayna la experiencia más inolvidable posible.
El lugar, desde luego, se alejaba de cualquier convencionalismo; no sólo para una primera vez, sino incluso para él mismo, porque Theo, jamá