La tranquila noche decorada con bellas estrellas que iluminaban todo a su paso, acompañada por la suave brisa que recorría el lugar, era opacada ante lo que había frente a los habitantes de la mansión Khattab, el jeque veía con una mezcla de tristeza y decepción a Mustafá, no era simplemente que le pesara el llevar adelante aquel castigo que las antiguas leyes se imponían, ante la amenaza de un hombre a robar a una mujer, el sentir del jeque iba mucho más allá que el solo sentirse mal por tener