Fayna sentía su cuerpo de gelatina, y a la vez que se incendiaba, la lengua de Theo se enredaba con la de ella, como queriendo hacer un pacto, quizás de amor eterno, tal vez de pasión momentánea, y aun así, no le importaba a esta joven, pues estaba más que dispuesta a correr el riesgo de terminar con su corazón roto, e inclusive el perderlo al completo.
Fayna no pudo evitar que un leve gemido saliera de sus labios en el momento en que Theo, con delicadeza, introdujo su mano bajo su blusa, escal