Qué el destino nos sorprenda.
—Andreina. — Alejandro, llamó a su esposa de pronto mientras miraba el reflejo del agua— Si esto es un sueño, no me despiertes.
Andreina sonrió con esa mezcla de dulzura y picardía que lo había conquistado desde el primer momento, ella y solo ella tenía ese poder de sacarlo de su centro.
—Cariño, si roncas mucho te despertaré. —respondió ella dejando escapar una pequeña risa.
—Eso es mentira, yo no ronco, soy un CEO, los CEOS no roncamos nunca. — Se defendió el hombre de la acusación.