Los días de luna de miel se habían terminado, los esposos se habían disfrutado con cada sentido que poseían y con cada fibra de su ser, pero el CEO era un hombre muy ocupado y tenía que regresar a dirigir su enorme imperio.
El avión descendía suavemente mientras las luces de la ciudad comenzaban a dibujarse como un tapiz brillante bajo el cielo nocturno. Andreina apoyó la cabeza en el hombro de Alejandro, cerrando los ojos con una sonrisa tranquila, una de esas sonrisas que ya no nacían del