Quizás sea el destino.
Al día siguiente, el CEO, ya vestido en ropa casual pero elegante y fina, se encontraba en su despacho bebiendo una taza de café y revisando unos documentos.
Había dejado todo en órden a Maurice, pero mientras Andreina, se despertaba y se preparaba para salir, decidió ocuparse en algo.
En la oficina el eficiente asistente agradecía que su jefe le haya echado un vistazo a esos documentos tan importantes, de lo contrario el cargaría con esa gran responsabilidad.
Casi a las diez de la ma