El conjuro de Scarleth era un ancla en la mente de Aiden, un llamado que su instinto no lograba ignorar. Con un rugido ahogado, la llevó directo al suelo con un desenfreno que hizo temblar el cuerpo de Paris con Scarleth por dentro de ella.
Scarleth, a su vez, sintió una ola de emoción pura, el desafío en sus ojos brillando con luz propia. —¡Cabálgame como nunca lo has hecho! —susurró, la frase una orden y una súplica a la vez—. Ya has hecho tu trabajo, ahora goza de la recompensa.
Aiden la tom